COMO EVOLUCIONARA LA VARIABLE QUE MAS LE PREOCUPA AL GOBIERNO
El mercado del dólar, visto desde adentro

Clarin 2002

Sus protagonistas analizan la situación y arriesgan pronósticos sobre la cotización de la moneda estadounidense en el corto plazo.


CLAUDIA BORAGNI y SEBASTIAN CAMPANARI

Para José Nogueira, es como un volver a vivir. Hasta 1993, y por más de 30 años, Nogueira había estado al frente de las operaciones con divisas de bancos estadounidenses por entonces radicados en la Argentina, como el Chase o el Manufacturers Hannover. "Por razones de edad y de achicamiento del mercado, quedé fuera de carrera", recuerda.


Pero ahora las cosas cambiaron. Desde que la Argentina dejó la convertibilidad para entrar en un sistema de flotación, la agenda de Nogueira está que explota: hay pedidos de asesoramiento de nuevos clientes (exportadores, en general), y hasta compromisos para dar conferencias. "Vivimos diez años en una burbuja", dice, "el mercado de compra y venta de divisas se está armando en forma algo caótica, como todo, pero ya mueve entre 300 y 400 millones de dólares por día, en el tramo mayorista".

Así están las cosas. En una economía recesiva, en la que casi todas las actividades se contraen, los sectores ligados al mercado de divisas están viviendo una suerte de boom. "Desde diciembre tomamos unas 30 personas y funcionamos al 100% de nuestra capacidad operativa", cuenta Federico Tomasevich, presidente de la Sociedad de Bolsa de Puente Hermanos, una casa de cambios de Sarmiento al 400, cuyo site de Internet (Puentenet.com) saltó de 700 a 10.000 consultas diarias.

La cotización del dólar se convirtió en la variable clave para la suerte de la economía argentina. Una disparada por encima de los valores actuales gatillaría niveles de inflación cuyos resultados nadie se atreve a describir. "El dólar es el único refugio para la clase media —dice Gabriel Coqueugniot, gerente general de Banco Exprinter—; es insólito, pero la gente todo el tiempo te cuenta cuánto ganó y cuánto perdió, y eso tiene que ver con cuántos más dólares atesora bajo el colchón." Exprinter hace 2.000 operaciones diarias de compra-venta por un monto de 3 millones de dólares.

En la semana más complicada para la política cambiaria desde el abandono de la convertibilidad, Clarín recorrió el microcentro porteño para conversar con los principales protagonistas de la saga del dólar. Banqueros, cambistas y ejecutivos ligados al comercio exterior analizan la situación, la actuación del Banco Central y dan sus pronósticos para la evolución de la moneda estadounidense en el corto plazo.

De Portugal a la city

Alfredo Piano es un clásico en la city porteña. En los últimos meses, pasó a ser uno de los banqueros más consultados por analistas y periodistas (locales y extranjeros) que buscan una palabra experimentada en el caliente mercado de cambios.

Piano lleva más de 50 años en el negocio de la compra y venta de moneda extranjera y, muchas veces, su opinión suele dejar off side a cualquier pronóstico oficial. No es este el caso: "No creo que se produzca un repunte mayor del dólar —le dice a Clarín—; con las exportaciones y el mayor turismo local habrá un enorme movimiento de divisas."

La entidad que preside —el Banco Piano— fue fundado por su padre, Arturo Da Costa Piano, en 1943. Los Piano son una familia de banqueros portugueses que se radicaron en la Argentina en los años 40, empujados por los estragos de la segunda guerra mundial. La sangre portuguesa los ubicó primero en Brasil ("por el idioma", aclara), pero allí supieron de la existencia de un país mucho más próspero y pujante, "al sur de América", en el que podrían recomenzar su actividad de banqueros. Ese país era la Argentina.

"Nos radicamos en Buenos Aires e, inmediatamente, abrimos Casa Piano, en San Martín 128 —recuerda—; usted no se imagina lo que era este país. Los extranjeros se maravillaban. No lo podían creer."

Piano asegura que si bien "pasó todas" en la Argentina, no recuerda haber vivido otra crisis como ésta. "La gente está totalmente dolarizada y cree que sólo el dólar puede resguardar sus ahorros, porque eso es lo que le enseñaron durante los 10 años que duró la convertibilidad."

El 35% de la operatoria de Banco Piano lo integran las operaciones de compra-venta de moneda extranjera, sobre todo de dólares, y desde que entró en circulación el euro, hubo también un repunte en la demanda de esa moneda. Piano asegura que la liberalización del mercado de cambios no lo tomó por sorpresa: "Aún durante la convertibilidad nos dedicamos a este negocio. Nunca dejamos de comprar y vender divisas; incluso, siempre tuvimos un movimiento muy grande de abastecimiento a bancos del interior."

En la mesa de cambios de la entidad, sobre 10 paneles de madera, 200 botones titilan sin cesar durante 10 horas al día. Cada botón es un cliente (banco o empresa) que apuesta o sale del juego, según el precio que le cante su operador. Gaspar Vinent —ex rugbier, primera división del Champagnat, entre 1992 y 1996— es uno de ellos. "Trabajo desde el 82 y, obviamente, pasé la hiperinflación y todas las crisis externas que golpearon a la Argentina en todos estos años; pero, pese a todo, soy optimista", dice con el teléfono en mano y la mirada fija sobre la pantalla de Reuter, la agencia con la que está conectado las 24 horas del día para seguir las oscilaciones de las monedas en todo el mundo. "No se te puede escapar nada", advierte Vinent. Javier Olseniuk —economista— asiente. Cualquiera podría decir que sus veintipico le juegan en contra en un momento en que muchos banqueros salieron a buscar operadores, con camino recorrido en los vertiginosos ''80, para ponerlos al frente de las mesas de cambio. Sin embargo, sus pronósticos sobre el movimiento del dólar son escuchados con atención por sus pares y clientes. "Mantengo una cuota de optimismo, pero no demasiado exacerbado. Prefiero ser prudente", le dice a Clarín.

En la mesa de cambios del Banco Nación la cosa es diferente. "El grueso de nuestras operaciones tiene que ver con comercio exterior", explica Héctor Randazzo, subgerente de Mercados Institucionales. Hasta el jueves pasado, la operatoria de compra-venta de billetes estaba restringida únicamente a la sucursal de Ezeiza; sin embargo, a partir de ese día se sumó también la sede central de la entidad, ubicada en Plaza de Mayo. El jueves, cuando el dólar cerró a $ 2,60, el Nación ofertaba a $ 2,30 para la compra y $ 2,40 para la venta.

Gente sofisticada

En la planta baja, un centenar de personas se apiña contra las cajas de Banco Piano en busca del tan ansiado billete verde. La documentación que exige el Central es muy rigurosa: DNI, acreditación de domicilio, y certificación de parte del banco de la firma del cliente en cuestión. "Es un trámite que demora las operaciones. Esto no pasaba en los 80", se queja Piano.

"En algunos bancos son más papistas que el Papa con las reglamentaciones, y eso traba mucho las operaciones", agrega Nogueira. La Ley Penal Cambiaria es muy exigente en este sentido, y los empleados de las entidades andan con pies de plomo antes de aprobar una transacción de divisas.

Con todo, el mercado se va armando, y apuesta a tomar consistencia en el corto plazo. "En las próximas semanas se va a consolidar el mercado de comercio exterior", explica Diego Estévez, director ejecutivo del Mercado Abierto Electrónico (MAE).

En enero, el MAE comenzó a distribuir un sistema de software, el Siopel Forex, por el cual se canalizan operaciones de call y de cambios. Los bancos, las casas de cambio y el Banco Central se reparten las 350 terminales que ya hay instaladas para operar. El MAE es otra de las instituciones que disfrutó un costado benéfico con la flotación. Las intervenciones del Banco Central se realizan a través de su sistema.

Según Estévez, "en los últimos tres meses, el mercado se recompuso bajo la regla de la incertidumbre y el desorden, algo típico de los países que salen de un esquema de tipo de cambio fijo. No nos olvidemos de que en los 30'', cuando la Argentina salió de la convertibilidad, le llevó un año recomponer su mercado cambiario. Ahora, creo que la cosa no se está haciendo tan mal".

El director ejecutivo del MAE dice que esta refundación de la plaza de divisas está recuperando a "los grandes operadores de la década del ''80".

Nogueira recuerda que en la etapa previa a la convertibilidad, los cambistas eran "gente extravagante, que ganaba muy bien y rotaba por lugares como (el restaurant) Clark''s, (el pub) Down Town Matías o la confitería del Sheraton". O la sede de la calle Maipú del Forex Club, una entidad de la que Nogueira es miembro del consejo directivo, y que reúne a más de 600 personas vinculadas al negocio de las transacciones con divisas. El Forex nació en París, y hace más de 30 años que tiene representación en la Argentina.

Para el corredor de cambios, algunos de sus viejos compañeros están volviendo, pero otros no, por razones de edad ("muchos no saben lo que es un e-mail") o sencillamente porque hicieron mucha plata y ya se retiraron. "La generación más joven está muy acostumbrada a la estabilidad y no sabe de qué se trata todo esto", asegura.

Un poco como en la película Jinetes del Espacio, en la que Clint Eastwood y otros ex astronautas sesentones son convocados para una misión porque son los únicos que conocen los vericuetos de una nave construida en los 60. "Es increíble, pero hay bancos que no mandan a sus ejecutivos más jóvenes a entrenarse en este campo en sus casas matrices", dice.

En el otro extremo generacional, Tomasevich dice que esto de la vuelta de la vieja guardia es más un mito que otra cosa. Con 25 años y empleados que lo duplican en edad, el presidente de la Sociedad de Bolsa de Puente Hermanos tiene a la actividad cambiaria prácticamente grabada en el ADN: a los 13 años (en 1989) iba a la mesa de dinero a aprender los secretos de la profesión. "Nosotros preferimos tomar jóvenes profesionales en Ciencias Económicas, más que nada contadores y administradores, que no vengan con vicios preadquiridos y a quienes podemos entrenar", afirma.

El sector también se está nutriendo con gente de áreas que los bancos han desafectado en los últimos tiempos, como las oficinas dedicadas a los fondos de inversión.

En el banquillo

Sin una actividad especulativa aún armada, el mercado de divisas se nutre casi por entero de las operaciones de comercio exterior.

Este año, el superávit de balanza comercial constituye la buena noticia macroeconómica por excelencia. El Gobierno y los analistas privados coinciden en un balance favorable de 10.000 millones de dólares para todo el 2002, poco más de 800 millones de dólares por mes.

"Es tan importante que amerita que se cree un ente especial para controlar de cerca los movimientos", sostiene Guillermo Carracedo, ex ejecutivo del grupo Bunge & Born y actual consultor de empresas.

Desde la salida de la convertibilidad, Carracedo viene difundiendo una propuesta para prendar el superávit comercial, como hizo en su momento México con las exportaciones de petróleo, y así obtener préstamos para el país. Carracedo calcula que de esta forma se podrían captar créditos por 50.000 millones de dólares.

Por ahora, los exportadores se vienen mostrando duros en las negociaciones con el Gobierno. Esta demora, a la espera de una cotización más alta, explica buena parte de la subida del dólar en la última semana. "Están liquidando lo mínimo indispensable como para mantener sus operaciones", dice Tomasevich.

—Hay quienes dicen que también se está subfacturando bastante, ¿esto es cierto?, le preguntó Clarín a Guillermo Carracedo.

—Es un análisis exagerado. Es cierto que hay incentivos a subfacturar por el lado de Ganancias o de las retenciones, pero el mayor incentivo para este tipo de ilícitos es el dólar paralelo, que hoy no existe.

A través de la resolución 13/02, el Ministerio de Economía fijó plazos para liquidar las divisas en el país y evitar cualquier juego especulativo de parte de los exportadores. "Sin embargo, en esa resolución no se especifica que la liquidación deberán hacerla en un banco de la Argentina, con lo cual muchos exportadores ya están liquidando afuera. Espero que en el gobierno se den cuenta del error", confía una fuente del sector.

Los plazos para ingresar las divisas oscilan entre los 15 días (animales vivos) y los 180 (máquinas y vehículos), según la posición arancelaria, pero la mayoría de los productos se liquidan a los 120 días. Muchos creen que, pese a los intentos del gobierno por evitar la subfacturación, continuarán las tretas para ingresar menos divisas al país. Una forma es declarar exportaciones por un monto inferior al real, con lo cual una parte importante se deposita en el exterior.

"Esa es toda una operación política. Los exportadores estamos liquidando dentro de los términos que fija la ley. El tema es que muchas veces el banco designado no liquida las divisas porque el precio que ofrece es menor al ofertado por otra entidad", se queja Enrique Mantilla, el presidente de la Cámara de Exportadores.

Los empresarios argumentan que los plazos que fija la ley no les permite financiar la compra de ciertos bienes. Pero la mayor restricción que tienen son los derechos que deben pagar a las 72 horas de despachar la mercadería, que son del 10% (sobre valor FOB), para materias primas; del 20%, para el petróleo, y del 5% para los productos industrializados. El otro gran problema es la caída que experimentaron los reintegros, que ya alcanzan el 50% (varían entre 0% y 6% sobre el valor FOB, según la posición arancelaria).

Las ventas al exterior se liquidan al valor del dólar de las entidades financieras, que siempre es un poco más bajo que la cotización del dólar libre. Por eso, los exportadores solicitaron al Banco Central que se fije un dólar de referencia.

"El gobierno prometió gestionar 2.000 millones de dólares ante el Banco Mundial para prefinanciación de exportaciones. Y también esperamos otros 400 millones del presupuesto", dice Mantilla.

Hormiguero

Son las 7 de la tarde del miércoles, y a pesar de que hace dos horas cerró la atención al público, las oficinas de Puente Hermanos siguen siendo un hormiguero, y las operadoras telefónicas no dan abasto. El ruido de las máquinas contadoras de billetes es una constante de las casas de cambio que recorrió Clarín en la semana.

El viernes el dólar se negoció a 2,70, a pesar de las intervenciones del Central. Las fuentes consultadas para esta nota se dividen entre los que piden ofertas más contundentes del BCRA (algo así como matar una paloma con una bala de cañón), y quienes sostienen que aún esto sería insuficiente, y significaría malgastar más reservas. "En todo el mundo no hay Banco Central que pueda cambiar la tendencia de los mercados", explica Noriega.

Tomasevich dice que este ritmo no es sostenible por muchos días más: "Hay un sólo vendedor, que es el Central, y la demanda es virtualmente infinita", comenta mientras posterga varios llamados, uno de ellos de un exportador que quiere liquidar un millón de euros. Es difícil que esta noche pueda volver a su casa antes de las medianoche, evalúa

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