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LA REACTIVACION QUE NECESITAMOS ESTA LEJOS

(Publicado en BAE el 24-8-2000)
Agosto 2000

Los esforzados discursos de las autoridades sobre la marcha positiva de la economía, se diluyen por falta de sustento y no logran crear el ambiente imprescindible para acelerar una reactivación.

En todos estos meses el clima en materia económica se ha enrarecido.

A esto hay que sumarle la actitud de algunos políticos que aún no han entendido su papel en este ciclo mundial.

Hombres cercanos al Gobierno y a la oposición usan palabras tales como regionalización y globalización sin la profundidad profesional que las mismas requieren.

Se está corriendo el eje de nuestros problemas y hasta se busca mediante palabras alterar la estructura de nuestra deuda pública, sin comprender que el crédito es la plataforma que necesitamos para superar esta crisis.

Nuestro país requiere una avalancha de inversiones en proyectos. Para lograrlo hace falta ser creíbles y además montar un esquema que seduzca a los potenciales inversores a instalarse en nuestro país.

Los inversores en proyectos miran al país con una óptica distinta a la de los inversores financieros. Mientras estos últimos saben que en 48 horas se pueden retirar de un país, los otros conocen que una vez instalados deben continuar hasta las últimas consecuencias.

Para ambos debemos mostrar el perfil de país que proponemos y son ellos los que decidirán qué hacer con sus fondos.

Mientras tanto, en lo que queda de este año y los primeros meses del que viene no se ven perspectivas para que la situación económica pueda mostrar cambios significativos que alteren la tendencia actual.

¿Porqué esta afirmación?

Podemos señalar qué significa indirectamente el incremento del índice de desocupación. Cuando el empresario tiene confianza en el futuro, se prepara para ese momento con anticipación. Dependerá de cada actividad el período de antelación en que se aumentará el rol en función del comienzo de la reactivación esperada.

El empresario, en general, suele anticiparse a los acontecimientos. Dado que no se ha registrado un cambio de tendencia en el índice de desocupación, podemos descifrar el mensaje que gran parte del empresariado está dando; no ven a la reactivación como un hecho inminente.

¿Porqué se retrasa tanto la tan anunciada reactivación?

Para lograrla hace falta que se den por lo menos dos condiciones. Un incremento en el consumo y una mejora sustancial en la tasa de crecimiento de las exportaciones.

Mientras no se vean los avances en estas dos áreas, no habrá cambios en el humor económico y éste se debatirá entre la situación actual y un probable empeoramiento.

A deferencia de lo que ocurrió en el pasado, hoy el consumidor tardará más tiempo en decidir incrementar sus gastos. El gran temor al desempleo no se superará fácilmente, si a eso sumamos el clima enrarecido que se vive en materia económica y las arengas oficiales sobre la tremenda crisis heredada, es muy probable que quien disponga de un sobrante monetario, lo piense varias veces antes de dedicarlo al consumo.

Seguramente en una primera etapa lo destine al ahorro. Si bien esto es positivo en el largo plazo para el país, resulta negativo para ampliar en el corto plazo la franja de consumo. En esto nos basamos esencialmente para estimar que la recuperación será muy lenta.

En lo que respecta a las exportaciones, no será fácil incrementar la tasa de crecimiento. Cada día la paridad cambiaria de nuestro signo monetario se aleja más de la realidad. Este comentario produce alteraciones, pero es el resultado de la objetividad en el razonamiento.

La diferencia entre el crecimiento industrial de los EEUU (como sabemos, referente de nuestra paridad) y el nuestro hace que cada vez nos alejemos más.

La realidad es que nuestra economía y la americana avanzan en direcciones opuestas. Entonces, ¿Cómo podemos mantener la igualdad con el dólar?

Los índices de desocupación americanos están en los más bajos de los últimos 30 años. Los mismos índices en Argentina son alarmantes. EEUU consiguió modificar la tendencia de su balanza fiscal, la Argentina tiene un déficit preocupante. EEUU tiene un consumo interno que es un boom, la Argentina no logra salir de la recesión y algunos hasta estiman que está paralizada. Y así podemos seguir marcando "paralelos".

¿Podemos sostener que EEUU y Argentina pueden tener la misma moneda? Con economías tan dispares, la igualdad no cierra desde ningún ángulo.

Nuestros productos exportables son cada vez menos competitivos y los que importamos son cada vez más baratos. En los últimos años la relación de la tasa de crecimiento de nuestras exportaciones viene descendiendo en comparación con la de otros países que tienen alguna relación con el nuestro.

Nuestra moneda se sigue revaluando con el mundo del euro y con algunos países asiáticos. Algo similar aunque no tan pronunciado le está ocurriendo a la libra inglesa. En los últimos días hemos leído que la revaluación de la libra ha llevado a que una de las multinacionales productora de alimentos más importantes del mundo, decidiera cerrar algunas de sus plantas elaboradoras en el Reino Unido y que una empresa de electricidad de origen japonés también allí instalada, adelantara que con la fortaleza de la libra les estaba resultando antieconómica la actividad.

¿Es económica la operación en nuestro país con un peso tan fuerte?

¿Qué piensa un inversor que quiere instalar una planta en la región para exportar extra-región?

¿Qué me da Argentina y qué me concede Brasil?

¿Qué nivel de deflación necesito para compensar las tasas de crecimiento industrial de los países que afectan directa e indirectamente al nuestro?

Las respuestas a estas preguntas son contrarias a nuestros intereses.

En síntesis, el aumento del consumo será muy lento y el crecimiento de la tasa de exportación comparada con los países referentes será muy dificultosa.

Reactivar simultáneamente revaluando la moneda es una tarea dolorosa y que llevará muchísimo tiempo. Por no decir, que es casi imposible.

La reactivación que necesitamos está lejos.

Guillermo Carracedo
Presidente de CADEC S.A.
Consejero de Alta Dirección de Empresas

 

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