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Nuestras
autoridades afirman: «Los organismos
internacionales fueron los culpables de nuestra decadencia».
Pero les pagamos en tiempo y forma.
Asombrosamente,
esas mismas autoridades deciden que los acreedores privados deberán
ser castigados. Casi la mitad de esos acreedores a quienes se les
propone quitarles más de 90 por ciento de sus ahorros está
formada por ciudadanos argentinos. Deberíamos saber por qué
se decide castigar de esa forma a un grupo de ciudadanos. ¿Así
defiende el gobierno a los residentes que pagaron sus impuestos
y ahorraron en el país; residentes que gastan o invierten
sus rentas beneficiando la economía real? Un país
sólo crece con un fuerte ahorro interno. ¿Cree el
gobierno que con estas actitudes fomenta el ahorro? ¿Por
qué el gobierno pretende que los ahorristas residentes que
no fugaron sus fondos al exterior tengan un castigo adicional? Todos
en el país fueron castigados en sus salarios, patrimonios,
nivel de vida, el aumento de la pobreza y la indigencia. Pero hay
un grupo, los ahorristas y futuros jubilados, que perderá
90 por ciento de una parte de sus ahorros. Difícil de creer.
Y
¿quiénes son los acreedores de la deuda pública
argentina? El 40 por ciento reside en la Argentina. Menos de 20
por ciento es italiano. El resto se reparte entre Japón,
Alemania, España, los Estados Unidos y, en cantidades muy
menores, otros países europeos y asiáticos. En síntesis,
el gobierno decide que a los culpables del desastre se les pague
todo y que a los residentes en nuestro país -que fueron engañados
por las autoridades argentinas con las promociones de apoyar al
país y la seguridad que da un Estado soberano-se les realice
un recorte nominal de 75 por ciento y real de más de 90 por
ciento de los ahorros que pusieron a resguardo en el Tesoro nacional.
La lógica sería que quienes con sus fondos apoyan
la economía real de otros países sean los castigados.
Para crecer, un país necesita de un fuerte ahorro interno.
¿Creen las autoridades que con las medidas propuestas fomentan
el ahorro interno? Esperemos que se busquen otras alternativas.
Cuando nuestras autoridades dicen que quienes colocaron sus fondos
a 30 por ciento anual merecen esa quita, seguramente están
en lo cierto. Pero la realidad es que todos los fondos que obtuvo
la Argentina en los '90 los consiguió a tasas de mercado
y en muchos casos aun menores. Esas cifras de 30 por ciento que
se mencionan fueron obtenidas en el mercado secundario y a partir
de 2001.
Nuestras
autoridades saben que los Estados soberanos, al igual que las empresas,
tienen continuidad jurídica. Cuando comparan a una parte
de nuestra deuda con el caso de la empresa de electricidadde los
Estados Unidos que cotiza hoy a alrededor de 15 centavos de dólar,
deberían agregar que éste es el valor presente (en
nuestro caso es menos de 10 por ciento). Y que ese valor de 15 centavos
se incrementará cuando se reordene la empresa. Además,
lo más importante es que los responsables directos, indirectos
y aquellos que estaban encargados del control están siendo
juzgados, muchos en prisión y algunos hasta pueden llegar
a sufrir cadena perpetua. Para nuestras autoridades los culpables
son los ahorristas por haber dejado los fondos en el país.
Algo no funciona. Los ahorristas residentes en el país no
son culpables. El presidente de la República debe protegerlos,
no castigarlos.
AFJP
Con
respecto a los fondos de jubilaciones y pensiones, también
hay que hablar claro. El esquema es de capitalización, no
de ahorro nominal. Cuando el ministro de Economía dice que
se les va a otorgar un papel sin quita a 30 o 40 años, con
una baja tasa de interés, eso significa que el futuro jubilado
perderá 90 por ciento de la proporción que le corresponde
a ese título. El secreto de la capitalización es la
tasa de interés compuesta. Un simple ejemplo: quien tenía
un dólar depositado en su administradora en 1999 en títulos
públicos a 30 años, recibiría aproximadamente
30 dólares al momento de su retiro. El ministro pretende
que el futuro jubilado reciba el dólar original y una pequeña
tasa de interés: es decir, alrededor de 2 dólares
en lugar de 30. Los futuros jubilados también están
seriamente afectados por la proporción que su administradora
tiene en títulos públicos defaulteados. ¿Quien
defenderá a los futuros jubilados? No podrán ser los
titulares de esas administradoras por dos razones. Primero, porque
oportunamente el ministro de Economía opinó que los
responsables de esas administradoras eran incapaces intelectuales.
Y segundo porque están interesados en que el Estado cubra
todos los desfases que afectaron al sistema financiero. Como la
mayoría de las administradoras son propiedad de los accionistas
de los bancos que ya han recibido fondos del Estado y están
aún reclamando montos adicionales, no pueden defender situaciones
que a ellos no los afectan directamente desde el punto de vista
monetario. Un hombre no comprometido ni con el gobierno ni con el
sistema financiero debería ser quien defienda a los futuros
jubilados. Ya debería buscarse a esa persona. Este es el
momento. No puede ser que los futuros jubilados no estén
protegidos. Deberían asegurarles el capital y los intereses
originalmente comprometidos. Si tomamos todos los títulos
que emitió el gobiernocon posterioridad al default para «proteger
el sistema financiero», vemos que las cifras son muy cercanas
a las de los papeles de residentes argentinos defaulteados. En otras
palabras, con lo que el gobierno deja de pagar a unos ahorristas
paga a otros para evitar juicios a bancos en la Argentina. Increíble.
Nuestro Ejecutivo y nuestros legisladores deberían defender
a los ahorristas residentes en la Argentina y darles el mismo trato
que al resto de quienes viven en este país. Es muy duro escuchar
que el Presidente de los argentinos catalogue a los ahorristas locales
como especuladores. Es de esperar que nuestro presidente proteja
a los residentes en el país, devolviéndoles sus ahorros
en la forma comprometida y que recién después pague
al exterior. No dudo de que, como al Presidente le encanta hablar
claro, entenderá estos argumentos. Por último, aunque
los asesores del Presidente no coinciden con mi afirmación,
según me lo han hecho saber, sigo sosteniendo que cuanto
más rápido salgamos del default y con menos crueldad,
antes llegaremos al ansiado crecimiento para beneficio de todos.
A los acreedores locales se les debe cumplir lo pactado, y con los
externos, negociar un trato que no deje secuelas. Deben entender
las autoridades que, en primer lugar, necesitamos del ahorro interno
y, en segundo, del apoyo externo. La Argentina precisa de sus ciudadanos.
Estos deben ser protegidos. Dejemos de escuchar a esos asesores
que sugieren que el acreedor es uno solo. El ahorrista local es
el que gasta e invierte en la economía real. El otro gasta
e invierte en otras economías las rentas obtenidas en nuestro
país. Con el nivel de riesgo país actual es imposible
lograr una avalancha de inversiones productivas. Las tasas de interés
en el mundo están muy bajas y los inversores buscan alternativas.
Brasil, México y Chile están captando esas inversiones.
Si desaprovechamos este momento nos arrepentiremos en el futuro.
Una inversión productiva se instala por muchos años.
Las inversiones que llegan hoy muestran resultados en dos o tres
años. Busquemos esas inversiones en proyectos. Casi tres
años afuera del mercado internacional es mucho tiempo. Cambiemos
la visión de la deuda pública y recuperemos nuestro
espacio.
(*)
Economista, consejero empresarial, presidente de Cadec SA y ex CEO
del holding Bunge y Born.
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