LAS IDEAS DE DUBAI

(Octubre 19 de 2003)-

La Nación. Economía y Negocios



Una vez más, nuestras autoridades dejan de lado a los inversores productivos. Expresada así, a secas, la frase parece difícil de comprender. Por eso trataré de aclarar el porqué de mi indignación.

Para superar su crisis social (desocupación y pobreza), la Argentina necesita de una avalancha de inversiones productivas. Sectores locales e internacionales deben ser tentados para crear trabajo. Pero, paradójicamente, la forma en que nuestro Gobierno presentó esta quita de deuda pública ahuyenta -por efecto rebote- a los posibles inversores productivos que estaban analizando a nuestro país como eje de sus proyectos.

El inversor productivo lee en títulos catástrofe de diarios estadounidenses y europeos el trato que proponen nuestros gobernantes a quienes le prestaron fondos al país. Acaso no miden nuestras autoridades los riesgos que se corren por hacer propuestas y comentarios desmedidos.

El inversor financiero que posee títulos argentinos entiende los códigos, ya que está cautivo y, en consecuencia, en inferioridad de condiciones para negociar. Frente a estos hechos, por el contrario, el inversor productivo a punto de ingresar a nuestra economía decidirá esperar y en muchos casos hasta redireccionar sus inversiones a otros destinos. Quien está estudiando instalarse en el país ve cómo se especula con aquel que está acorralado y evitará encontrarse en el futuro, eventualmente, en una situación similar.

Las autoridades deben tener siempre presente que todos sus actos tienen una segunda lectura. Los inversores en proyectos analizan y evalúan cada comunicación del Gobierno y la consideran en el momento de tomar la decisión de disponer fondos productivos.

El inversor financiero peleará por sus tenencias y se sentirá más o menos perjudicado, dependiendo de los precios en que haya adquirido sus títulos y del tiempo en que viene invirtiendo en el país. Pero el inversor productivo deja de mirarnos cuando siente que quienes nos gobiernan se manejan sin un criterio de visión macroeconómica, como han demostrado en estos días.

Las inversiones productivas son de largo plazo. Se deben analizar muy bien los riesgos, ya que una vez realizadas no pueden retirarse. El inversor financiero, en contraposición, entra y sale en el día. Mira las cotizaciones en el momento y decide. El productivo crea trabajo, directa e indirectamente, y en una economía como la nuestra está muy atento al comportamiento del Gobierno. Suele estar más alerta a los mensajes de las autoridades que al análisis del flujo de caja de su proyecto. Las señales que hoy se están enviando sólo sirven para espantarlos.

Los funcionarios argentinos, bajo pretexto de defender a nuestra sociedad, sólo logran perjudicarla. Hacen gala de que protegen al pueblo, al reducir el superávit fiscal primario en 1 o 2 puntos. Afirman que realizando quitas espectaculares a la deuda pública se generan las condiciones favorables para las inversiones productivas. Esto significa no entender la economía y desconocer la mentalidad de quienes piensan en invertir en proyectos productivos.

Al pueblo se lo defiende creando condiciones para atraer una avalancha de proyectos. Si con el justificativo de que los compromisos contraídos soberanamente no pueden cumplirse se decide proponer reducciones exageradas, lo único que se logra es que los inversores productivos elijan otros países de la región donde el respeto por las obligaciones constituya la base de su desarrollo.

En síntesis, no pueden nuestras autoridades dejar de tener en cuenta que cada paso que dé la Argentina en materia financiera tendrá repercusiones en la esfera productiva. Estos proyectos son los que modificarán esa tendencia a la decadencia que vivimos en los últimos tiempos. Con estas actitudes, por el contrario, el Gobierno demuestra que ignora a los inversores en la economía real.



Guillermo Carracedo


 

 

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