| COTIZACION DEL DOLAR (Informe Septiembre 2000 Seguimos en la etapa de discusiones intelectuales sobre revaluación del peso, recesión, reducción de tasa de crecimiento de exportaciones, índices de desempleo, actividad industrial, déficit fiscal, balanza de pagos, etc. Pero ahora empezamos a sentir que una parte del mercado está emitiendo las primeras señales de duda sobre la paridad cambiaria. La presente angustia política donde no está claro si el escándalo está en el Senado, el Ejecutivo, si el Vicepresidente de la Nación quiere romper la Alianza, o si estamos frente a una combinación de todas o algunas de estas posibilidades, no pasará desapercibido para la economía. Durante muchos años con economías que miraban hacia adentro, el tipo de cambio era un simple dato. Hasta podemos decir que el mismo era un número arbitrario y muchas veces de escasa significación. Derechos de exportación e importación, reembolsos, reintegros, permisos de necesidad de ingreso de mercaderías, tipos de cambio comercial, financiero, turístico, paralelo, obligaciones de negociar divisas a tipos de cambio distintos al vigente, mix cambiario con porcentajes variables, límites de negociación etc, etc, eran parte del menú de cambios múltiples que rigió durante décadas en nuestro país. Con estos artilugios se alteraba la cotización nominal. Hoy con la apertura y la globalización, el tipo de cambio es un vínculo entre las economías de los distintos países. Este nexo es el que equipara las actividades económicas entre los países referentes. Las economías se insertan unas en otras, en un complejo esquema en el cual el tipo de cambio es un elemento de gran importancia para tener un lenguaje internacional común. Las tasas de crecimiento, los índices de inflación o deflación, los niveles de comercio exterior, la desocupación, el PBI, la deuda pública, el consumo, las balanzas fiscal, de pagos, comercial, etc., se unifican entre los países relacionados a través de la paridad cambiaria. El crecimiento de la economía mundial y especialmente de los países vecinos de la Región debería favorecer a nuestro país, pero hasta el momento no hemos podido aprovechar esas ventajas. El Gobierno no encuentra argumentos sólidos para recrear el clima de confianza necesario para revertir la situación. La renovación de Secretarios en el Ministerio de Economía no modificaría la tendencia de los últimos meses. Si bien debemos dejarlos andar antes de abrir juicios concretos, es conveniente analizar diversos escenarios para reaccionar antes de que el mercado presione y agrave mas la crisis. Examinaremos brevemente los posibles escenarios, desde sostener el 1 a 1, devaluación del peso continuando la convertibilidad a la nueva paridad, devaluación del peso saliendo definitivamente de la convertibilidad, devaluación del peso y posterior dolarización, hasta la dolarización. Respecto del primer escenario, sostener el 1 a 1. Nuestro peso igual a un dólar equipara nuestra economía con la de EEUU. ¿Podemos sostener esto en el tiempo? Parece ficción. Sólo puede ser posible con una fuerte deflación. Mientras el crecimiento de las economías de referencia supere al nuestro, solamente podemos equipararnos con una deflación equivalente. Resulta muy duro reactivar revaluando el peso. A todo eso debemos agregarle la fortaleza política que necesitará el gobierno para cambiar el humor económico. Los acontecimientos que estamos viviendo producen confusión y terminan directamente ensañándose con la economía. Hacen falta cambios de rumbos para poder sostener este escenario. Si analizamos la devaluación del peso dentro de la convertibilidad, vemos que modificar el tipo de cambio es para algunos llamar al caos. Ultimamente la mayoría de quienes sostienen el 1 a 1 se rigen más por principios de las psicología que por las leyes de la economía. Debemos reinsertar rápidamente a nuestro país en el contexto internacional y poder así aprovechar la situación externa favorable. El nivel de la devaluación tiene que estar relacionado con los índices básicos de los países referentes y a estos debemos enfrentarlos con los nuestros para que la misma sea creíble y apunte a mantener la estabilidad. Una pequeña devaluación sin bases sólidas es crear expectativas e incertidumbre. Los acontecimientos que seguirían a una devaluación técnicamente justificada se podrían resumir en, un incremento de precios que sería leve y en muchos casos absorbido por las empresas, ya que con la recesión actual y el nivel de desocupados, subocupados y los temores e inseguridades de los ocupados, no se dan las condiciones para que se repitan los hechos que hemos vivido en otras épocas. No habría aumento de salarios y en consecuencia no se producirían sobresaltos en la inflación minorista. Debería buscarse un acuerdo social con las entidades gremiales para que comprendan los beneficios futuros de la devaluación. El Banco Central tendría un sobrante de los dólares que tiene en custodia para cubrir la convertibilidad y podría destinarlos a reducir la deuda pública aunque sea en una cifra simbólica, pero que sería un gesto muy bien visto por los inversores externos. Se incrementarían las exportaciones y se facilitaría el comercio exterior en sus dos facetas, ya que hoy los costos internos no seducen a aumentar importaciones para transformar esos insumos en más exportación. Se facilitaría el turismo receptivo. Los inversores en proyectos comprobarían una modificación favorable en sus parámetros y mediciones que los podrían llevar a adelantar decisiones. Esta es una situación básica para revertir la desocupación y cambiar el rumbo de la crisis. Necesitamos una avalancha de inversiones en proyectos para lograr un crecimiento de actividad. El Gobierno debería negociar alternativas con las empresas de servicios públicas monopólicas que tienen tarifas dolarizadas, proponiendo pasos que no modifiquen sus esquemas y que no alteren los precios. Los particulares endeudados en dólares sentirían el impacto, pero este será menor a la presión que produciría la deflación y el incremento de la carga impositiva para cubrir el déficit fiscal en el escenario actual. Se le puede insinuar a los bancos que para no alterar los montos de las cuotas incrementen la cantidad de ellas en la misma proporción de la devaluación. Las empresas endeudadas en dólares y el propio Estado sufrirían también el incremento pero este se compensaría rápidamente con el crecimiento. Es más factible pagar una deuda mayor, con crecimiento de actividad, que una menor, con recesión. La relación PBI - endeudamiento público empeoraría en un primer momento el índice pero el incremento de la actividad económica daría vuelta en poco tiempo esa situación. Se debería establecer una regla de ajuste a futuro en el tipo de cambio, que relacione la evolución entre los indicadores económicos de nuestro país y de los países referentes en proporciones prefijadas. En otras palabras, la cotización del dólar dentro de la convertibilidad, quedaría sujeta a una canasta de índices locales e internacionales relacionados, que nos permitiría mantener una competitividad constante. El tercer escenario planteado, la devaluación del peso saliendo de la convertibilidad, no es aconsejable ya que serían dos golpes simultáneos, que producirían gran incertidumbre. Si devaluáramos con una posterior dolarización, podríamos encontrarnos en una situación similar a la actual si nuestra economía crece a una tasa inferior a la de EEUU. Ese divorcio nos pondría nuevamente frente a un peso revaluado y ahí si, sin posibilidades de retomar la senda. Finalmente la opción de la dolarización es en mi opinión descartable sin más análisis. Significaría profundizar la crisis actual con penosas consecuencias, ya que para lograr una reactivación necesitaríamos una fuerte deflación
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