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"LOS ESCENARIOS QUE SE ABREN SOBRE EL EL FUTURO DE LA CONVERTIBILIDAD"
( COTIZACIÓN DEL DOLAR)
(Publicado en el BAE el 27 de Septiembre de 2000)
Seguimos en la etapa de discusiones intelectuales sobre revaluación
del peso, recesión, reducción de tasa de crecimiento de exportaciones, índices
de desempleo, actividad industrial, déficit fiscal, balanza de pagos, etc.
Pero ahora empezamos a sentir que una parte del mercado está emitiendo las
primeras señales de duda sobre la paridad cambiaria.
La presente angustia política donde no está claro si el escándalo está en
el Senado, el Ejecutivo, si el Vicepresidente de la Nación quiere romper
la Alianza, o si estamos frente a una combinación de todas o algunas de
estas posibilidades, no pasará desapercibido para la economía.
Durante muchos años con economías que miraban hacia
adentro, el tipo de cambio era un simple dato. Hasta podemos decir que el
mismo era un número arbitrario y muchas veces de escasa significación. Derechos
de exportación e importación, reembolsos, reintegros, permisos de necesidad
de ingreso de mercaderías, tipos de cambio comercial, financiero, turístico,
paralelo, obligaciones de negociar divisas a tipos de cambio distintos al
vigente, mix cambiario con porcentajes variables, límites de negociación
etc, etc, eran parte del menú de cambios múltiples que rigió durante décadas
en nuestro país. Con estos artilugios se alteraba la cotización nominal.
Hoy con la apertura y la globalización, el tipo
de cambio es un vínculo entre las economías de los distintos países.
Este nexo es el que equipara las actividades económicas entre los países
referentes.
Las economías se insertan unas en otras, en un complejo esquema en el cual
el tipo de cambio es un elemento de gran importancia para tener un lenguaje
internacional común.
Las tasas de crecimiento, los índices de inflación o deflación, los niveles
de comercio exterior, la desocupación, el PBI, la deuda pública, el consumo,
las balanzas fiscal, de pagos, comercial, etc., se unifican entre los países
relacionados a través de la paridad cambiaria.
El crecimiento de la economía mundial y especialmente de los países vecinos
de la Región debería favorecer a nuestro país, pero hasta el momento no
hemos podido aprovechar esas
ventajas.
El Gobierno no encuentra argumentos sólidos para recrear el clima de confianza
necesario para revertir la situación. La renovación de Secretarios en el
Ministerio de Economía no modificaría la tendencia de los últimos meses.
Si bien debemos dejarlos andar antes de abrir juicios concretos, es conveniente
analizar diversos escenarios para reaccionar antes de que el mercado presione
y agrave mas la crisis.
Examinaremos brevemente posibles escenarios.
- Sostener
el 1 a 1.
- Devaluación
del peso continuando la convertibilidad a la nueva paridad.
- Devaluación
del peso saliendo definitivamente de la convertibilidad.
-
Devaluación del peso y posterior dolarización.
-
Dolarización.
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Escenario:
Sostener el 1 a 1
Nuestro
peso igual a un dólar equipara nuestra economía con la de EEUU.
¿Podemos sostener esto en el tiempo? Parece ficción.
Sólo puede ser posible con una fuerte deflación. Mientras el crecimiento
de las economías de referencia supere al nuestro, solamente podemos equipararnos
con una deflación equivalente. En nuestro paper anterior
"La reactivación que necesitamos está lejos" dábamos nuestra interpretación
de lo duro que es reactivar revaluando el peso.
A todo eso debemos agregarle la fortaleza política que necesitará el gobierno
para cambiar el humor económico.
Los acontecimientos que estamos viviendo producen confusión y terminan
directamente ensañándose con la economía.
Hacen falta cambios de rumbos para poder sostener este escenario.
Escenario: Devaluación del peso dentro de la convertibilidad.
Modificar el tipo de cambio es para algunos llamar al caos.
Ultimamente la mayoría de quienes sostienen el 1 a 1 se rigen más por
principios de las psicología que por las leyes de la economía.
Debemos reinsertar rápidamente a nuestro país en el contexto internacional
y poder así aprovechar la situación externa favorable.
El nivel de la devaluación tiene que estar relacionado con los índices
básicos de los países referentes y a estos debemos enfrentarlos con los
nuestros para que la misma sea creíble y apunte a mantener la estabilidad.
Una pequeña devaluación sin bases sólidas es crear expectativas e incertidumbre.
Los acontecimientos que seguirían a una devaluación técnicamente justificada
se podrían resumir en:
- Un
incremento de precios que sería leve y en muchos casos absorbido
por las empresas, ya que con la recesión actual y el nivel de
desocupados, subocupados y los temores e inseguridades de los
ocupados, no se dan las condiciones para que se repitan los hechos
que hemos vivido en otras épocas. No habría aumento de salarios
y en consecuencia no se producirían sobresaltos en la inflación
minorista. Debería buscarse un acuerdo social con las entidades
gremiales para que comprendan los beneficios futuros de la devaluación.
- El
Banco Central tendría un sobrante de los dólares que tiene en
custodia para cubrir la convertibilidad y podría destinarlos a
reducir la deuda pública aunque sea en una cifra simbólica, pero
que sería un gesto muy bien visto por los inversores externos.
-
Se incrementarían las exportaciones y se facilitaría el comercio
exterior en sus dos facetas, ya que hoy los costos internos no
seducen a aumentar importaciones para transformar esos insumos
en más exportación.
- Se
facilitaría el turismo receptivo.
- Los
inversores en proyectos comprobarían una modificación favorable
en sus parámetros y mediciones que los podrían llevar a adelantar
decisiones. Esta es una situación básica para revertir la desocupación
y cambiar el rumbo de la crisis. Necesitamos una avalancha de
inversiones en proyectos para lograr un crecimiento de actividad.
-
El Gobierno debería negociar alternativas con las empresas de
servicios públicas monopólicas que tienen tarifas dolarizadas,
proponiendo pasos que no modifiquen sus esquemas y que no alteren
los precios.
- Los
particulares endeudados en dólares sentirían el impacto, pero
este será menor a la presión que produciría la deflación y el
incremento de la carga impositiva para cubrir el déficit fiscal
en el escenario actual. Se le puede insinuar a los bancos que
para no alterar los montos de las cuotas incrementen la cantidad
de ellas en la misma proporción de la devaluación.
- Las
empresas endeudadas en dólares y el propio Estado sufrirían también
el incremento pero este se compensaría rápidamente con el crecimiento.
Es más factible pagar una deuda mayor, con crecimiento de actividad,
que una menor, con recesión.
- La
relación PBI - endeudamiento público empeoraría en un primer momento
el índice pero el incremento de la actividad económica daría vuelta
en poco tiempo esa situación.
-
Se debería establecer una regla de ajuste a futuro en el tipo
de cambio, que relacione la evolución entre los indicadores económicos
de nuestro país y de los países referentes en proporciones prefijadas.
- En
otras palabras, la cotización del dólar dentro de la convertibilidad,
quedaría sujeta a una canasta de índices locales e internacionales
relacionados, que nos permitiría mantener una competitividad constante.
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Escenario:
Devaluación del peso saliendo de la convertibilidad
Este
escenario no es aconsejable ya que serían dos golpes simultáneos, devaluar
y salir de la convertibilidad, lo que produciría incertidumbre.
Escenario: Devaluación del peso y posterior dolarización
En este escenario podríamos encontrarnos en una situación similar
a la actual si nuestra economía crece a una tasa inferior a la de EEUU.
Ese divorcio nos pondría nuevamente frente a un peso revaluado y ahí si,
sin posibilidades de retomar la senda.
Escenario: Dolarización
Descartable sin más análisis. Significaría profundizar la crisis
actual con penosas consecuencias, ya que para lograr una reactivación
necesitaríamos una fuerte deflación.
Una alternativa diferente a la actual, deberá ser consensuada y utilizar
el instrumento constitucional que legalice la situación.
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