DEVALUACION FISCAL
Marzo de 2002.



Devaluamos y declaramos el incumplimiento de la Deuda Pública sin prever la dura realidad que íbamos a tener que vivir. El mundo nos reclama fuertes ajustes y recortes. Nuestras autoridades Nacionales y Provinciales, deben reducir el gasto público, mejorar la administración fiscal y establecer Políticas de Estado para enfrentar la crisis.

La situación social, la marginalidad y el nivel de pobreza están en índices que jamás hubiéramos imaginado. El consumo interno está paralizado y la población en general está entre aterrada y confundida. Estamos aplicando un cóctel de medidas proteccionistas, dirigistas y restrictivas, sin poder encontrar el camino.

Pensar en una nueva convertibilidad, independientemente del nivel al que se haga, es crear una estructura que hoy no tendría credibilidad. El tipo de cambio flotante como tenemos actualmente, genera expectativas que paralizan la actividad. La dolarización es congelar la situación actual y nos quita toda posibilidad de flexibilización.

No tenemos un presupuesto creíble ya que en las condiciones actuales, resulta imposible poder calcular los ingresos fiscales. Sin un presupuesto no podemos avanzar. En estos meses con la actividad económica casi en su mínima expresión, la recaudación impositiva ha caído a grados que superan los peores pronósticos. Tenemos que encontrar un esquema que nos permita asegurar una masa crítica de ingresos fiscales, para sobre esa base reconstruir un presupuesto aceptable.

Por esta razón una devaluación fiscal del tipo de cambio nos permitirá crear una recaudación factible. La alternativa que propongo es una devaluación con retenciones a la exportación para neutralizarla y evitar que se vuelque a los precios locales.

Nuestro PBI medido a valores internacionales ha caído drásticamente y hoy la exportación pasa a tener una proporción importante. Por razones exclusivamente matemáticas, pasamos a duplicar nuestra exportación en relación con el Producto Bruto Interno. Exportamos un 30% del PBI.

Nuestros costos medidos en dólares nos convierten en uno de los países más competitivos. La exportación de diseño será clave para una pronta reactivación. Por esto pienso que debemos aplicar una medida excepcional para este momento de angustia y esa medida es una devaluación con un objetivo netamente fiscal.

Podemos recaudar para el presupuesto, a través de una retención al comercio exterior, una cifra neta entre 20 y 25 mil millones de pesos. Esto lo podemos lograr. La recaudación de este impuesto prácticamente no tiene evasión. A su vez, debemos en una primera etapa, hacer más estricto el control del mercado de cambio aunque esto abra las puertas para la aparición de una cotización paralela. El precio de ese dólar fijo neto de la retención, deberá mantener los niveles actuales que hoy recibe el exportador. Estoy hablando de un tipo de cambio fijo con una retención a la exportación de alrededor del 30%. Simultáneamente tendríamos que reducir aranceles a la importación para aquellos productos críticos y para los insumos destinados a la exportación. Estos nuevos ingresos fiscales nos permitirán bajar hasta 10 puntos el IVA y devolver el 13% a las jubilaciones y pensiones y rebajar un par de puntos las cargas sociales, buscando así una luz para reactivar el consumo local. También a partir del 15 de abril, fecha máxima para aplicar plazos fijos reprogramables a la compra de bienes registrables, se podrían retirar algunas de las restricciones al corralito de los depósitos a la vista.

Con el presupuesto ordenado y un estricto control de cambio podríamos solicitar un préstamo internacional garantizado con una prenda sobre nuestra balanza comercial, como hizo en su momento Méjico con el petróleo. Considerando que el saldo positivo de la balanza comercial superará los 10.000 millones de dólares anuales, podríamos intentar obtener del exterior 50.000 millones de dólares que destinaríamos, 15.000 millones para cumplir nuestros compromisos vencidos y a vencer en este año de la Deuda Pública y así poder volver al mercado de crédito internacional, 10.000 millones para apoyar la apertura ordenada del corralito y evitar fugas al mercado paralelo de cambio y a su vez disminuir algunas de las restricciones del mercado cambiario y 25.000 millones para créditos de capital de trabajo dirigido a las Pymes, a través de la creación de un Banco de Desarrollo.

Estamos viviendo momentos excepcionales y por lo tanto debemos tomar medidas extraordinarias, aunque vaya en contra de algunos de mis principios intelectuales.


 

Guillermo Carracedo

 

 

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