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EL PESO DEL MANDATO
1 de agosto de 2005 / FORTUNA.

Las mujeres enfrentan en el ámbito laboral una problemática recurrente: cómo equilibrar el trabajo con la vida personal. El planteo de "la familia o la carrera" sigue vigente pese al avance de la sociedad. El coach, una ayuda para superar el dilema.

La gran incidencia de las mujeres como fuerza laboral desde hace varias décadas es una realidad que obliga a repensar la reiteración de una problemática típicamente femenina en la que el coaching puede ser una vía efectiva para desentrañar ciertas cuestiones referidas a los mandatos del género. El hombre no se plantea el interrogante entre desarrollarse profesionalmente o no. La familia o la carrera no son opciones. El mandato en ese sentido es femenino y es por ello que las mujeres suelen encontrar dificultades para lograr un equilibrio.

En los procesos de coaching con mujeres, es un tema que surge inevitablemente. La conclusión suele ser la misma. El camino que conduce a ese equilibrio está basado en la búsqueda de sentido respecto de la tarea que se desarrolla. Las mujeres que manifiestan pasión por lo que hacen, quienes se encuentran en un proceso de crecimiento profesional, sienten que no restan tiempo a su vida privada, por el contrario, ese desarrollo agrega valor a sus otros roles, el de madre, el de esposa. Estas mujeres procuran organizar sus tiempos eficientemente para no descuidar ningún aspecto. El desequilibrio es producto de la falta de sentido, de no encontrar placer en sus tareas, del sentimiento de pérdida de tiempo.

Se sabe, es todavía muy pequeño el porcentaje de mujeres que se desempeñan en cargos directivos donde pueden planificar sus carreras. De todas maneras, aun en puestos rutinarios y aparentemente poco desafiantes, se debe procurar la obtención de gratificaciones. El coaching en este sentido es altamente efectivo. A través de ese proceso se revelan los mandatos culturales que dirigen el comportamiento. Aquellas mujeres que tienen en claro sus objetivos son mucho más abiertas a cuestionarse esos mandatos. La consigna es tener presente que no "se tienen mandatos", sino que esos mandatos "lo tienen a uno". Subyacen a la conducta, operan en un trasfondo de obviedad. A la hora de fijarse metas y encarar acciones necesarias para alcanzarlas, van apareciendo los "debería" de esos mandatos. Es en ese camino de la acción que se empiezan a ver y a elegir.

La elección elimina el círculo vicioso de la reacción. La reacción es siempre producto del mandato. La acción es resultado de un proceso consciente, evaluativo, mientras que la reacción no reconoce estrategia alguna.

BÚSQUEDA DE SENTIDO. Esta búsqueda se encuentra íntimamente ligada a la motivación. En este sentido, el especialista Mihaly Csikszentmihalyi desarrolló investigaciones respecto de qué es lo que hace que la gente disfrute con lo que hace.
A partir de su análisis acerca de las experiencias de más de cien mil personas en todo el mundo ha desarrollado su teoría basada en el concepto de flujo. Este concepto describe un estado en el cual las personas se hallan absolutamente involucradas con la actividad que realizan, tanto es así que dicha tarea les proporciona una gran armonía y orden de conciencia. Quienes lo han experimentado suelen hacer referencia a la importancia de asumir desafíos en sus quehaceres cotidianos. Asumir desafíos equivale a innovar y para ello solamente es necesario desafiar los estándares instituidos.

La pregunta ¿y por qué no? es una forma de encarar un proceso de cambio. Sin embargo, no siempre resulta tan obvio. Es por eso que la mirada del coach como observador externo abre el foco para ver la situación desde otra perspectiva. Los hábitos comienzan siendo suaves hilos de seda y terminan siendo gruesos alambres que atan irremediablemente a las personas. Sucede que quien está atado por esos hábitos ya no los percibe: es la mirada del otro la que puede hacer tomar conciencia de que quizás se deberían cambiar para lograr los objetivos. Si no se modifican ciertos hábitos es muy probable que los resultados sigan siendo los mismos. En el proceso de coaching la persona asume responsabilidades corriéndose del lugar de ser víctima de la realidad circunstancial. Comienza a generar su realidad.

Un ejemplo de esto se produjo en el encuentro de Coaching para mujeres emprendedoras, en el que el lema era: "Quien no tenga planes propios pertenecerá a los planes de otros". Se trataba de un grupo heterogéneo de mujeres que tenían en común la idea de generar un proyecto personal. Algunas habían quedado fuera del mercado laboral después de haber dedicado la mayor parte de sus vidas al cuidado de sus familias, otras eran ejecutivas o empleadas jubiladas que querían continuar en actividad aprovechando el know-how que habían adquirido en sus años de empresa y otros casos se trataban de mujeres que se vieron forzadas a buscar una fuente de ingresos por la situación económica en la que se hallaban.

EXPERIENCIA. El primer paso en el proceso de coaching fue la definición del proyecto. Una vez ubicada en ese lugar en el que aspira estar, la persona es su proyecto y se produce entonces el fenómeno de la escucha para su proyecto. A partir de allí cada una comenzó a elaborar su plan de acción. Hasta ese punto todo funcionaba en forma fluida. Los problemas empezaron a aparecer a medida que se iban midiendo cada semana los resultados de las acciones llevadas a cabo. Fue necesario entonces implementar un proceso de capacitación tendiente al desarrollo de sus competencias conversacionales mediante el abordaje de la teoría de John Searle referida a los actos del habla. Aprender a pedir, a diferenciar hechos de interpretaciones, a formular declaraciones y promesas fue de vital importancia para superar los obstáculos que las participantes encontraban en la puesta en marcha de sus planes. El mundo se mueve por conversaciones a través de las cuales se coordinan acciones. Cuanto mayores sean las competencias en este sentido, mejores serán los resultados.

Compromiso y acción, quienes asumieron estos desafíos han experimentado la concreción de sus proyectos y el coaching fue la herramienta efectiva que facilitó el camino.

Es importante diferenciar la tarea del coach respecto de la del asesor o la del mentor. El asesor es considerado un experto que va a efectuar un diagnóstico acerca de determinada situación y luego intervendrá efectuando recomendaciones. Con el mentor o tutor se establece una relación semejante a la del maestro - aprendiz, en ella se pondrán en juego los lineamientos de lo que se debe y lo que no se debe hacer. En este caso se plantea una asimetría, donde el aprendizaje es unidireccional. En cambio, con el coach se establece una relación donde ambas partes son consideradas pares. El coaching es un proceso focalizado en el diseño de futuro. La intervención, en consecuencia, estará basada en la definición de objetivos y el establecimiento de un plan de acción para alcanzarlos.

De hecho, el primer paso en todo proceso de coaching es el establecimiento de objetivos. Una vez planteados, la forma de trabajar será partiendo de ese lugar donde la persona dice querer estar. Se trae el futuro al presente. Es importante que la persona pueda observarse desde el comienzo en ese lugar donde aspira llegar. A partir de allí entonces, se podrá observar claramente el espacio entre futuro y presente. Ese es el momento en que se formulará el plan de acción. Este trabajo requiere de una gran precisión en cuanto a las tareas que se llevarán a cabo, los recursos que se necesitarán y los plazos en los que se concretarán. La precisión consiste en que todo lo que se plantee en ese plan de acción debe ser mensurable. Si la persona dice que quiere aumentar sus ingresos, la pregunta del coach apuntará a que determine concretamente cuánto quiere ganar. Si lo que desea es desarrollar su capacidad de liderazgo, el coach debe preguntarle qué significa esto para ella en términos de su día a día en el trabajo, de qué manera ella y su entorno podrán comprobar que ha desarrollado dichas capacidades. Para esto sirve el coaching y es por eso que suele resultar altamente efectivo. Sus resultados son mensurables.

 

Gabriela Terminielli
Directora de CADEC S.A.
gabriela@guillermocarracedo.com
Coach Organizacional
Lic. en Psicología